A continuación os pongo información sobre el último libre que me he leído, y cuyo personaje principal me ha encantado tanto, con lo cual ha pasado a liderar junto a Drizzt Do'Urden mi lista de personajes favoritos.
“Llega a España la saga que ha conmocionado a Europa”
Con este rimbombante epíteto nos anuncian el primero libro de la Saga, tan afamada en las tierras allende las altas cumbres pirenaicas.
Tenemos a Geralt de Rivia, un brujo y algo así como un ser sobrehumano, que se dedica a cazar de monstruos (al parecer, ese esa es la dedicación de cualquier brujo criado en Kaer Morhen, el Nido de los Brujos) en una tierra llena de los elementos clásicos de la fantasía. Así, Geralt se enfrenta a estriges, mantícoras, grifos, vampiros, quimeras, dragones, basiliscos, y cualquier otro tipo de bestia fantástica que se tercie, aunque siempre sólo cuando amenazan la paz en su convivencia con la humanidad.
Andrzej Sapkowski, por otra parte, dota a Geralt de una personalidad poco común en los héroes de este tipo de novelas a los que nos tienen acostumbrados: es irónico y cínico, descreído y a veces irreverente, y vagabundeando siempre de pueblo en pueblo, villa o burgo en el que ofrecer sus servicios como “cazador de monstruos”. El Símbolo de la Hermandad de los Brujos es un Lobo Rugiente, grabado en un redondo medallón y una cadena de plata, aunque suelen llevar dichos emblemas normalmente ocultos: no en todas partes es bienvenido alguien de su oficio. Como cualquier Brujo, Geralt conoce ciertos hechizos que le ayudan en su tarea (como guardas), pero sin lugar a dudas su arma –o mejor dichos “sus” armas— más letales son sus dos espadas, cada una con un propósito determinado: acero para los hombres y plata para las bestias. Su deber es destruir a aquellas bestias que amenazan a los humanos, pero en su camino descubre en numerosas ocasiones que los auténticos monstruos se esconden bajo rostros humanos.
Por otra parte, los elfos, los enanos y demás razas habituales en el género pueblan las páginas de Geralt de Rivia. Eso si, más semejantes a las tradiciones mitológicas sajonas, germánicas y celtas que a los pueblos que podemos leer en libros como la Dragonlance, Reinos Olvidados, u otro semejante.
La Figura del Brujo
Como ya he mencionado, Kaer Morhen es la ciudad patria de los Brujos. Allí los adiestran y los educan desde niños, pero antes el futuro brujo debe resistir (o mejor dicho, SOBREVIVIR) a la Prueba de las Hierbas, y si la supera, el candidato sufre una mutación especial: puede ver en la oscuridad y sus reflejos y destreza se multiplican. Un gran porcentaje no suele superar la Prueba, si bien aquellos que lo logran, tampoco lo hacen de “rositas”. Geralt, por ejemplo, perdió toda pigmentación que poseía en su cuerpo.
Si el candidato ha sobrevivido la Prueba, es entonces cuando comienza su adiestramiento como Brujo, tanto el aspecto mágico como el marcial.
Cabe comentar, que ningún Brujo se ha convertido en tal por vocación. Ninguno es voluntario. Son lo que se conoce como “Niños Sorpresa” (cuando alguien desea que un brujo le ayude pero no puede permitirse pagarle con dinero, el brujo le dice: "Te ayudo bajo la condición de que me des lo que ya tienes en casa, pero que aún desconoces". Normalmente es un hijo o una hija, que ha nacido durante la ausencia de su padre en casa. Así pues, los Brujos los acogen y los llevan a Kaer Morhen, para que se conviertan en futuros brujos). Geralt, hijo de una hechicera, fue abandonado por sus padres en su juventud y poco después se encontró en el Nido de los Brujos.
Como consecuencia de la Prueba de las Hierbas, un brujo no debería sentir emoción alguna. Tendría que desconocer tanto el odio y el amor como el miedo y la repugnancia. En caso contrario no podría cumplir sus deberes de brujo (una persona imparcial, fría, y que siempre se deja llevar por lo objetivo y no lo subjetivo).











